La prensa, 12 de junio de 2011
OPOSICIÓN A CANDIDATURA PANAMEÑA
Para ser elegido en la CIDH
Betty Brannan JaénLaprensaDC@aol.com,
En 1990, cuando primero comencé a escribir para este diario, las audiencias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) eran totalmente a puerta cerrada. Para cubrir lo que acontecía en ellas, uno tenía que esperar en la calle para ver si los participantes aceptaban dar declaraciones a la salida del edificio. Si alguna de las partes me daba copia de algún documento pertinente a la audiencia, era siempre a lo escondido porque los documentos eran confidenciales y no debían ser divulgados en los medios.
Afortunadamente, eso ha cambiado. Las audiencias son abiertas al público (a veces hasta transmitidas por internet) salvo que una de las partes solicite confidencialidad. La lista de audiencias en cada sesión (celebradas dos veces por año, en marzo y octubre) se publica de antemano y hay frecuentes ruedas de prensa.
Pues bien, en una de esas ruedas de prensa algunos años atrás, yo alcé la mano para preguntar si a los comisionados de la CIDH se les paga. Se me respondió que no, a lo que comenté que "eso explica por qué nunca ha habido un comisionado panameño", observación que provocó risa en el salón.
Pero eso cambió hace un año. Ahora se les paga 2 mil dólares mensuales a los comisionados, junto con sus gastos y un estipendio diario cuando están en viajes de la CIDH o en sesión en Washington. Es cierto que hay mucho trabajo: aunque cada comisionado esté en su país la mayor parte del año, por vía electrónica está respondiendo constantemente a las peticiones de medida cautelar (ya son 500 en lo que va de este año), revisando informes, expedientes y comunicados de prensa, y realizando labor relacionada con sus relatorías especiales.
Este año, por primera vez hasta donde conozco, un panameño se postuló para la CIDH, cuyos comisionados son elegidos por los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) durante su Asamblea anual. Era Guillermo Willy Cochez, actual embajador de Panamá ante la OEA y figura muy conocida en Panamá.
Antes de la Asamblea de la OEA, oí decir que el candidato panameño no llevaba chance porque Panamá tiene una trayectoria de irrespetar los compromisos que los países hacen tras bastidores para apoyarse mutuamente, pero la gran sorpresa fue ver cómo los activistas de derechos humanos cerraron filas públicamente en oposición a la candidatura de Cochez. Unas 22 organizaciones de la sociedad civil panameña se unieron para escribirle a todos los jefes de Estado de los países miembros, en rechazo a la candidatura. Entre organizaciones internacionales, la directora ejecutiva de CEJIL (Centro por la Justicia y el Derecho Internacional) dijo a Acan-Efe que "Cochez ha tenido posiciones que creemos abiertamente encontradas con una posición de defensa de los derechos humanos". Investigué si esta campaña pública en contra de un candidato a comisionado es algo frecuente en la CIDH y averigüé que sí ocurre de vez en cuando, pero que solo una postulación percibida como "desastrosa" inspira semejante nivel de oposición.
Así las cosas, Cochez fue derrotado. Entiendo que 17 de los 34 países miembros votaron por él, pero no se sabe cuáles fueron porque la votación es secreta. Entiendo también que Venezuela le hizo guerra y que algunos países se le "voltearon" al último momento. Como en toda elección, astucia política es un elemento crucial.
En todo caso, la derrota seguramente ha sido dolorosa para Cochez. Pero aun más significativo es que esta derrota también confirma una realidad dolorosa para Panamá porque mucha de la oposición se enfocó en que las acciones del gobierno de Ricardo Martinelli le han merecido ser visto dentro y fuera del país como un gobierno atropellador de los derechos humanos e irrespetuoso del sistema interamericano para la protección de esos derechos.
Para quienes anhelamos un Panamá más comprometido con los derechos ciudadanos, no menos, esa realidad es grave.






